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BIOGRAFÍA DE GAMPOPA

Gampopa (1074-1153)

Enseñanza de Lama Tsondru

Cuando leía La preciosa Joya de la Liberación siempre me preguntaba cómo habría sido su autor, Gampopa. Un libro tan conciso, metódico y bien estructurado parece escrito por un gran académico con grandes conocimientos del Dharma teórico. Pero siendo discípulo de Milarepa, el gran yogui, Gampopa no podía de ningún modo ser sólo un erudito. Busqué su biografía y me emocionó.

Buda profetizó la venida de Gampopa en varias ocasiones. En el Sutra del Loto le dice a Ananda que en el Norte aparecerá un monje médico poseedor de un mérito inconmensurable por haber servido a miles de Budas en el pasado, que vendrá para el beneficio y la felicidad de los seres. Será un gran Bodisatva muy versado en las escrituras Mahayanas y gran practicante del Vajrayana.

A los quince años, siendo su padre médico, Gampopa era ya un buen conocedor de la medicina así como de muchas enseñanzas del Dharma Ñingma. Se casó a los veintidós años. Sus hijos murieron en una epidemia de peste y su mujer también cayó enferma. Trató en vano de salvarla. Estando ella al borde de la muerte y con un gran sufrimiento, todavía trataba desesperadamente de agarrarse a la vida. Viendo él que sus apegos no la dejaban morir en paz le dijo que todas sus posesiones las daría a los pobres y a los monjes, y que él, tanto si ella vivía como si no, después de esta dura lección de la vida se dedicaría totalmente al Dharma y se haría monje. Después de esta promesa ella murió tranquila. Gampopa dividió su propiedad en tres partes: una para las ofrendas del funeral, otra para la caridad y la última para mantenerse practicando el Dharma.

Se hizo monje y tomó muchas enseñanzas de los maestros Kadampas. Su inteligencia y compasión eran muy grandes, sus deseos y apegos muy pequeños, su diligencia y su fe eran prodigiosas y su pereza inexistente. De día estudiaba diligentemente el Dharma y por la noche meditaba o circunvalaba o realizaba otros actos meritorios. Podía estar sin comer tranquilamente durante cinco o seis días, estando su cuerpo en permanente estado de gozo. Podía estar absorbido en Samadhi durante muchos días y apenas quedaban trazas en él de emociones conflictivas.

Un día tuvo una visión en la que un yogui verde vestido en harapos ponía la mano en su cabeza, y sintió que su estado de meditación se hacía más profundo, así como su comprensión de la realidad. Al comentarlo con sus compañeros le dijeron que un monje que sueña con yoguis verdes es señal de que tiene obstáculos. Invitó a la asamblea de monjes a que le bendijeran con un ritual, pero el sueño y la sensación de bienaventuranza se repetía todavía más.


Mientras, el gran yogui Milarepa, que estaba ya en edad avanzada, daba enseñanzas a sus principales discípulos, quienes le preguntaron quién sería su sucesor espiritual al que pasaría las instrucciones esenciales y que sería su guía cuando él muriera. Milarepa dijo: " Este hombre vendrá pronto. Es monje y médico, es el que sostendrá mi linaje y lo propagará en las diez direcciones. Anoche soñé que él venía a mí con un vaso de cristal vacío y yo lo llenaba con el néctar de mi vaso de plata. Este viejo padre tiene ahora un hijo que beneficiará a numerosos seres e iluminará la doctrina de Buda como el sol naciente ilumina la tierra."

Un día Gampopa oyó la conversación entre tres mendigos. Hablaban del gran yogui Milarepa, el rey de los yoguis, el que lleva una vida ascética en las montañas nevadas del oeste, sustentándose sólo con el alimento del samadhi, vestido apenas con una tela de algodón y que mantiene su cuerpo caliente gracias al dominio de la práctica del calor interno. Practica el Mahamudra día y noche y se desplaza volando de un lugar a otro.

Al oír su nombre sintió Gampopa una gran fe y una gran devoción. Con lágrimas en los ojos se postró una y otra vez en la dirección de la residencia de Milarepa y pidió al mayor de los tres mendigos que lo guiara hasta él. Durante el viaje Gampopa iba murmurando unas veces y gritando otras: "Oh, ¿cuándo veré a mi guru?" Su ansia por verle era tan grande que en sus ojos nunca se secaban las lágrimas y no se acordaba de descansar. Su guía enfermó y tuvo que seguir sólo. De noche y perdido se cubrió el rostro con las manos y sollozó amargamente. El viejo mendigo apareció y le mostró el camino. Más tarde se dio cuenta de que los tres mendigos no eran otra cosa que emanaciones de Milarepa. Siguió caminando y cuando llegó al centro de un gran altiplano, exhausto de cansancio y debilitado por la falta de alimento y bebida cayó desmayado durante horas. Cuando volvió en sí estaba extremadamente dolorido y sediento, pero no había nadie que pudiera ayudarle, y parecía que el final había llegado. Se prometió que si no podía ver a Milarepa en esa vida, renacería cerca de él en la próxima y sus mentes se unirían, y que en el bardo después de la muerte él sería su único refugio. Más tarde pasó por allí un monje que le socorrió y le dio de beber y luego siguieron juntos el camino.

Mientras tanto Milarepa daba enseñanzas y a veces se ponía triste y luego se echaba a reír. Cuando le preguntaron la razón respondió: " Estoy triste cuando veo a mi hijo predestinado desmayado y sediento pidiendo mi ayuda. Yo le mando mi bendición y luego río de contento".


Por fin llegó el ansiado momento en el que maestro y discípulo se encontraron. Para celebrar tal ocasión Milarepa bebió de una copa de cráneo llena de vino y le ofreció el resto a Gampopa, quién dudó unos momentos pensando que un monje no debe beber alcohol. "No pienses tanto y bebe" le ordenó Milarepa, por lo que su discípulo no dejó ni una gota, demostrando que sería un buen recipiente de las enseñanzas y el sostenedor del linaje. Luego recibió las instrucciones para meditar, lo que hizo hasta que tuvo las experiencias.


Más tarde fue enviado a meditar desnudo a una cueva. Desde la primera noche sintió un inefable éxtasis y calor corporal. Aunque a veces durmiera, su cuerpo permanecía firme como una roca.


A lo largo de su práctica en solitario Gampopa tuvo una serie de visiones y experiencias, algunas de ellas muy fuertes, como una vez que se quedó ciego y tuvo que ir a rastras a ver a su guru. En cada una de esas ocasiones Milarepa le explicaba la razón de su problema, le decía cómo solucionarlo y le mandaba de vuelta a su cueva. Así fue pasando el tiempo, hasta que finalmente tuvo un sueño increíble, muy diferente a cualquier otro, y pensando que debía ser muy importante fue a contárselo a su maestro, quien le dijo: " No te excites, relaja tu mente, no dejes que tus pensamientos te lleven a la trampa del apego al yo. Los sueños son irreales y engañosos, sin embargo el tuyo es realmente maravilloso y especial. Los símbolos de tu sueño dicen que llegarás al Mahamudra y verás la esencia de lo no nacido. Siempre humilde, serás el ejemplo de la acción budista. Lleno de compasión y altruismo, guiarás a numerosos discípulos. Morarás en la Tierra Pura y tu experiencia interna nunca te abandonará. Reunirás a tu alrededor a muchos monjes. Transformarás tu cuerpo en muchas formas diferentes para ayudar a los seres del Samsara. A pesar de que yo soy un yogui, muchos de mis descendientes serán monjes. No olvides mis predicciones y espera a ver si se hacen realidad. Cuando llegue el momento, surgirá en ti una fe suprema hacia tu viejo maestro, muy superior aún a la que sientes ahora, y me verás como a un Buda. Entonces llegarás a la liberación de nacimientos y muertes. Hijo mío, no sientas orgullo por tu continencia y disciplina. Vive en armonía con todo. Sé paciente, perseverante, virtuoso y noble, y controla tus pensamientos errantes. Habla poco y apártate de las distracciones. Permanece siempre en ermitas y sigue perfeccionándote. Aunque realices que tu mente es Buda, nunca abandones a tu guru; aunque llegues a la comprensión de que toda acción es pura por naturaleza, no dejes de realizar el más pequeño acto meritorio y abstente de cometer la más pequeña transgresión".

Después de otorgarle todas las iniciaciones y enseñanzas, Milarepa le dijo que había llegado el momento en que debían separarse. "Ya no necesitas estar conmigo. Ve al monte Gampo. Practica allí y muchos discípulos se reunirán a tu alrededor".

Y así fue. Su sucesor espiritual fue el primer Karmapa, Dusum Kyenpa, y con él nació el linaje Karma Kagyu.




Fuente: http://samye.es/bcn/content/view/47/112/